Recuerdo... recuerdo
aquellos días de mi infancia, donde en cada verano el momento más especial del
año llegaba.
Cada año, a la mitad del
verano, yo iba de vacaciones a la casa de mis abuelos, la cual quedaba en un
pequeño y solitario pueblo muy alejado de la ciudad.
Este callado pueblo no era
diferente a ningún otro, no tenía algo que lo hiciese sobresalir ante los demás. Pero, había algo especial, que a mí me encantaba cuando niño y ese
"algo" era un gran río, el cual se extendía como una larga carretera
que la vista pierde en el horizonte. El río estaba prácticamente pegado al
pueblo, y allí, me gustaba ver el atardecer desde la orilla, jugar con la arena, meterme al agua, pescar junto a mis abuelos,
entre muchas cosas que hacían de ese un lugar tan especial... Pero, lo mas
importante es que, fue ahí, en ese mismo lugar que me encantaba, donde la
conocí.
Más que un niño no era yo, el dichoso día en el que la conocí. Yo estaba solo en el río ya que por algún
motivo, que mi memoria no alcanza a recordar, me sentía triste y enojado. Pero, de un momento a orto quede deslumbrado y olvide todos mis problemas, ya que un
pequeño ángel de cabellos claros, ojos color de cielo, piel de algodón y con un
vestido tan blanco como la nieve, tocó mi hombro. Su tierna voz hizo dulces mi
amargos sentimientos, y esa contagiosa sonrisa mi día alegró. Ese día jugamos y
reímos a más no poder, había nacido una gran amistad a las orillas del hermoso
y terrible río que nos veía sonreír a ambos.
El reloj siguió su camino,
así que la tarde de ese día cayó, y llego el momento de despedirnos. Ella, muy
amigable y alegre, mirándome a los ojos me prometió que cada día a las 3 de la
tarde me esperaría a orillas del río que vio nacer tan especial amistad, y así
fue, durante ese verano, cada día ella cumplió su promesa, donde juntos jugamos
y compartimos pequeños eternos momentos, los más lindos de toda mi niñez.
Lamentablemente para mi, más temprano que tarde, ese esplendido verano llego a su fin, y cuando llegó el duro momento de decir adiós, porque debía
volver a la fría, áspera y espesa ciudad, yo no quería partir. Quería que ese
verano fuese eterno para quedarme jugar con mi nueva gran amiga, pero no podía
evitar el tener que irme, por más que insistiera o suplicara.
Cuando me fui a despedir de
mi amiga, con una tristeza sofocante, ella se quito su collar y me lo regaló.
Prometí cuidar por siempre de ese collar como si de mi vida se tratase, ese
collar era el símbolo de nuestra amistad, y cada vez que lo mirase ella parecería
en mi recuerdo.
Con el collar en la mano,
el cual tenia la letra "A" de Angela, su hermoso nombre, un fuerte
abrazo yo le dí. Le prometí que cada año volvería, durante el mismo mes de cada
verano, y le dije que me esperase en el mismo lugar donde el destino fue amable
al juntarnos, y así fue, ambos cumplimos lo que juntos acordamos.
Durante los dos años
siguientes nos encontramos y nos hicimos cada vez mas amigos mientras el tiempo
seguía su curso y el agua del río corría, cada vez jugamos mas e hicimos una
infinidad de cosas juntos. Ella era la mejor amiga que alguien pudiese tener, y
yo, el afortunado de ser su amigo, tan simple era ser tan feliz.
Pero al tercer año, pocos
meses antes de volver al pueblo, todo cambió de la manera mas horrible y
trágica... Mi abuelo lamentablemente dejo la vida, y mi abuela no tuvo mas
opción que abandonar el pueblo para así venir a vivir con nosotros el resto de
sus años, así que yo ya no volvería a ir, y sobretodo ya no volvería a
ver a mi amiga.
Ese primer verano sin ir al
pueblo fue el mas sufrido de toda mi vida, ese caluroso verano se volvió el
invierno más helado. La extrañe cada día, mire el collar lamentando el no poder
cumplir mi promesa de ir, imaginando que ella me estaba esperando en aquel río,
preguntándose porque no estoy yo ahí.
Por unos dos años no pude
volver al pueblo, pero, un tiempo después, ya siendo un poco más grande me las
arregle para ir yo solo, por un día. Fui solo con el objetivo de encontrarla, y
cuando llegué al pueblo, después de un largo viaje, espere por horas en el río
con una calma tensa, y luego de que no apareciera en el río la busque por todo
el pueblo, fui a su casa la cual estaba vacía (lo cual significo que pudo haberse mudado, pero no me convencía), le pregunté a cada persona que pude y nadie sabía nada, solo me
miraban de una forma extraña. La busqué todo el día y luego de horas, cuando
llego la noche, no tuve más opción que rendirme y volver a casa con la cabeza
baja, había fracasado enormemente, y gracias a eso la tristeza inundo
todo mi ser por un largo tiempo, el cual eterno y doloroso se hizo.
El tiempo pasó... yo de a poco la
olvidé. Mi vida siguió su camino y ella atrás quedó, junto con mis lejanos
recuerdos. Pero cuando todo el dolor de mi fracaso había pasado, de la nada en
mis sueños la volví a ver... Ahí estaba ella, angelical y hermosa, jugando
conmigo como de costumbre. Varias veces ella apareció en mis sueños, cada vez
con más frecuencia, como si ella no quisiera ser olvidada, como si su alma me
llamase desde aquel pueblo, así que fue cuestión de tiempo para ya no aguantar
más eso y prometerme a mí mismo que cueste lo que cueste la encontraría, aun si
tuviese que recorrer el mundo para encontrarla.
A pesar de no verla por un tiempo, ella para mi siempre significó y significará mucho, es la única
persona que he conocido que me ha echo sentir especial y querido, de una forma
sincera, ella para mi es más que una amiga, simplemente es lo mejor que me
pasó.
De nuevo me arriesgue a ir al pueblo, lleno de confianza, con todo el
valor que podía tener. Estuve todo el camino entusiasmado, convencido de que
esta vez la encontraría, y mientras una fría tormenta caía azotando al pueblo
con sus miles de gotas, yo no perdía tan grande esperanza que mi corazón tenía.
En el camino, mientras veía
caer las gotas de lluvia por la ventana y cada vez me acercaba mas al pueblo,
mi mente se volvió ansiosa, y al llegar busqué y busqué por aquel nostálgico pueblo. La ansiedad me alteraba, de nuevo no la encontraba, recorrí cada lugar que mi memoria recordaba e intente preguntar a la poca gente que pude ver, pero nadie tenia una respuesta. Pero cuando la esperanza parecía perdida una anciana, vestida de negro y que vendía flores, me dijo que existía un lugar en donde podría encontrar lo que buscaba, así que yo me dirigí casi corriendo a esa dirección, y para mi sorpresa allí la
encontré.
Ahora no dejo de pensar si hubiese preferido no volver a buscarla, quizás fue un error el volver, o quizás fue un error el no volver. No tengo ya palabras... mi mente esta en blanco y me pregunto "¿por que?", ya no se en que creer, algo se muere en mi, pues ahí estaba ella.
Y aquí, estoy yo. Con el
alma en pedazos, bajo el cielo gris en la helada lluvia... Frente a su pequeña
y desgarradora lapida.
Ahora lo entiendo todo...
Ahora lo entiendo todo...
Ella cada día me espero en aquel río como prometió, el
mismo lugar donde todo comenzó y donde ella su vida terminó. El río traidor me arrebato lo que me dio, y con la corriente se llevo lo mejor que me pasó.
No dejo de pensar en que si yo no
hubiese roto mi promesa de ir cada año, hoy ella estaría a mi lado, y yo estaría
tomando fuertemente su mano con una sonrisa, y no su collar entre lágrimas.