Septiembre… cada año,
durante este mes, el cielo se tiñe de color gris, y bajo la llovizna, alguien
camina con la mirada perdida. Alguien, que con la cabeza baja recorre las
calles de la vacía y cansada ciudad, dando sus pasos solo, sin un lugar a donde
ir y sin alguien que lo esté esperando.
Entre suspiros el avanza sin razón alguna, solo, nervioso,
buscando algo que no va a encontrar. Mientras que el viento, lo acompaña silbando
una canción a su paso, siendo esto lo único que él es capaz de escuchar, aun
vagando en medio de la espesa ciudad.
Sus ojos, antes llenos de luz, hoy reflejan un gran vacío, y
en su mirada se lee el deseo de poder llenarlo. Su búsqueda delata su desesperación,
de poder encontrar lo anhelado, y de calmar su sed de sentir, para así dejar de
vivir muerto, y hallar lo que en su camino busca sin éxito.
Pobre ser, que solo habita el mundo durante este mes, mes donde las tormentas del invierno cesaron,
y la calma acompaña al caminante en su andar. Mes donde la vida vuelve a nacer,
las plantas a florecer y el mundo a correr… pero claro, la luz del sol se asoma
entre las nubes y toca al mundo con su vida, menos a él, que aun en el naranja
atardecer, el color gris lo seguirá atando a él.
El sabe que no podrá avanzar jamás en su camino, aunque este
no se detenga, pues este es su destino, recorrer una y otra vez, en este mes,
el camino que lo vio nacer. Caminando de un lado a otro, volviendo sobre sus
pasos, una y otra vez, e intentando, en el tiempo volver, tiempo que cada vez
avanza más sin él, dejándolo atrás, dejándolo estancado atrás.
Y ya, con una copa de vino en la mano, él ve, como
lentamente, miles de pedazos de recuerdos caen del cielo, bajando de las nubes
como si fueran las finas gotas de la lluvia, y rompiéndose en miles de pedazos contra
él, como si fueran débiles cristales. Y tantos recuerdos afilados, terminan
cortando su alma agrietada, pero a él ya no le quedan fuerzas para huir, ya no
tiene su voz para gritar, solo le queda tomar otro sorbo de esa copa, para así
alivianar la amargura que le causan sus heridas.
Su pasado se vuelve borroso, y el respira cansado. Los días
de este mes ya están terminando, y aunque su vida se vaya apagando, el espera
otro año para volver, porque sabe, que por estos días, hace un tiempo atrás, el
sintió por primera vez, y conoció, el sabor de sentirse, por única vez, “vivo”.