Septiembre gris - Marcos Sainz

Septiembre…  cada año, durante este mes, el cielo se tiñe de color gris, y bajo la llovizna, alguien camina con la mirada perdida. Alguien, que con la cabeza baja recorre las calles de la vacía y cansada ciudad, dando sus pasos solo, sin un lugar a donde ir y sin alguien que lo esté esperando.
Entre suspiros el avanza sin razón alguna, solo, nervioso, buscando algo que no va a encontrar. Mientras que el viento, lo acompaña silbando una canción a su paso, siendo esto lo único que él es capaz de escuchar, aun vagando en medio de la espesa ciudad.  
Sus ojos, antes llenos de luz, hoy reflejan un gran vacío, y en su mirada se lee el deseo de poder llenarlo. Su búsqueda delata su desesperación, de poder encontrar lo anhelado, y de calmar su sed de sentir, para así dejar de vivir muerto, y hallar lo que en su camino busca sin éxito.
Pobre ser, que solo  habita el mundo durante este mes,  mes donde las tormentas del invierno cesaron, y la calma acompaña al caminante en su andar. Mes donde la vida vuelve a nacer, las plantas a florecer y el mundo a correr… pero claro, la luz del sol se asoma entre las nubes y toca al mundo con su vida, menos a él, que aun en el naranja atardecer, el color gris lo seguirá atando a él.
El sabe que no podrá avanzar jamás en su camino, aunque este no se detenga, pues este es su destino, recorrer una y otra vez, en este mes, el camino que lo vio nacer. Caminando de un lado a otro, volviendo sobre sus pasos, una y otra vez, e intentando, en el tiempo volver, tiempo que cada vez avanza más sin él, dejándolo atrás, dejándolo estancado atrás.   
Y ya, con una copa de vino en la mano, él ve, como lentamente, miles de pedazos de recuerdos caen del cielo, bajando de las nubes como si fueran las finas gotas de la lluvia, y rompiéndose en miles de pedazos contra él, como si fueran débiles cristales. Y tantos recuerdos afilados, terminan cortando su alma agrietada, pero a él ya no le quedan fuerzas para huir, ya no tiene su voz para gritar, solo le queda tomar otro sorbo de esa copa, para así alivianar la amargura que le causan sus heridas.    
Su pasado se vuelve borroso, y el respira cansado. Los días de este mes ya están terminando, y aunque su vida se vaya apagando, el espera otro año para volver, porque sabe, que por estos días, hace un tiempo atrás, el sintió por primera vez, y conoció, el sabor de sentirse, por única vez, “vivo”.