Producto de mis sueños - Marcos Sainz

Fue hace unos años… Yo me encontraba acostado en mi cama a mitad de la noche, mi mente estaba estremecida como el mar en medio de una tormenta, en aquellos tiempos yo solía ver el mundo de otro modo, mi experiencia era poca y la soledad daba sus primeros pasos en mi vida.
En esa noche tan estrepitosa cerré mis ojos con fuerza y me sumergí lentamente en el plácido mundo de los sueños. La lluvia del mundo exterior fue silenciada, el frio se volvió una leve calidez y de golpe, abrí los ojos ya en ese mundo de los deseos inconscientes.
En ese sueño me encontraba en un pequeño apartamento casi en penumbras, un lugar algo frío y de completo silencio, pero a la vez familiar y acogedor.  Observando ese lúgubre lugar comencé a caminar lentamente hacia la ventana, fijé mis ojos en cada rincón sin hallar nada extraño, de lo único que me percaté fue de la gran cantidad de libros que allí habían y de la ausencia de algún televisor,  era como si ese lugar me quisiera mostrar con imágenes su inmenso silencio y tranquilidad.  
Abrí las cortinas de la ventana extendiendo por completo mis brazos y pude observar ante mí una enorme y hermosa ciudad, decorada con cientos de edificios los cuales con sus luces encendidas formaban una imagen como si de un cielo totalmente estrellado se tratara. Y la luna resplandeciente en el cielo, como un ojo se posaba por encima de todos ellos, observando al tranquilo mundo dormir en mis sueños.
Me quede observando tal panorama en silencio por unos segundos, hasta que detrás de mi escuché las cuerdas de una guitarra sonar. El sonido de una melodía lenta venia desde la única habitación con la luz encendida en aquel apartamento, y sin tener una gota de temor ante lo desconocido entré, con la tranquilidad como si de mi casa se tratase y si como allí hubiese vivido toda una vida, así de familiar se hacía sentir aquel lugar.
Con una gran sonrisa una pequeña mujer me observo entrar, ella tenía un cigarro en su boca y tocaba su guitarra. Sus ojos me reflejaban con confianza, como si ambos nos conociéramos desde siempre, como si ambos fuéramos una parte del otro. No se necesitaron palabras en ese silencio, y fue justo ahí cuando desperté. Esa fue la primera vez que nos vimos.
A partir de esa noche ya nada volvería a ser igual, cada día ansiaba el momento de cerrar mis ojos y volver a ese mundo para visitarla, esa era la mejor parte de mi día y aquel lugar se volvió tan especial que prefería pasar mi tiempo allí que en el mundo real.
Ella… ella era simplemente hermosa, tenía una piel blanca y suave, perfecta para acariciar, no era muy alta y su pelo no era muy largo, sus ojos eran claros, con una mirada que se sentía igual a un flechazo y su sonrisa era espectáculo único.
Jamás escuche la voz de aquella mujer, nunca fue necesario, pero siempre imaginé que debería ser una voz majestuosa, más majestuosa quizás que el escuchar a un coro de sirenas cantar. Sin la necesidad de mediar palabras pasamos mucho tiempo juntos, nos reímos muchas a más no poder, nos contuvimos con abrazados, escuchamos mi música juntos o yo la escuchaba tocar a ella, tomamos,  fumamos, nos perdimos entre besos, nos retratamos con pinceles o leímos en silencio los poemas del otro. Nos entendíamos perfectamente sin decir una palabra, en esos momentos me sentía realmente completo, estando en el único lugar en el que quería estar, con la única persona que quería, haciendo las cosas que más me gustan.
Mi vida irreal era perfecta, mejor que mi vida real, mi mentira se había vuelto una verdad, al menos para mí. Quizás ella no era real pero la idea de lo que representaba ella para mi si lo era, era una parte de mí con vida propia, mi deseo más grande, en esos momentos la vida real había pasado a un segundo plano para mí.
Pasé meses visitando aquel lugar que albergaba a aquella mujer, el cual era siempre tan especial como la primera vez en la que llegue a él, pero a medida de que el tiempo pasaba y yo disfrutaba de mi mundo ideal algo pasaba en el mundo real…
De a poco un futuro amor comenzó a adentrarse en mi vida. Ella también era hermosa y sin darme cuenta comenzó a robarse cada vez más mi atención. Ella era algo diferente, ella era real, ella me fue dando las caricias que la mujer de mis sueños no era capaz de hacerme sentir realmente en la piel, y aunque esta mujer real no era ni de cerca tan ideal como la de mis sueños, ya que no compartía esos tantos gustos  y nunca fue capaz entenderme completamente, fue la culpable de que poco a poco yo fuera olvidando a aquella mujer y a aquel lugar en el que pase tanto tiempo, dejando de soñar con todo eso que en algún momento lo fue todo.
Aquel lugar ideal se desvaneció con el pasar del tiempo, nuevos lugares nacieron, ahora con ese amor real en ellos, y a medida de que pasaban los años con mi nuevo amor, la mujer con la que compartí esos breves momentos perfectos en mis sueños fue quedando cada vez más atrás en mi memoria.
El tiempo siguió su curso, ese nuevo amor pasó como un huracán el cual solo deja destrozos y tristeza. Soledad y nuevos amores fueron llegando a medida de que pasaban y pasaban los años, y fue en medio de una de estas épocas, de soledad, cercanas al hoy, donde en un día bastante especial de otoño, recorrí un largo camino junto a una persona la cual sería la puerta a una nueva realidad. Ahora todo era diferente, mi experiencia era grande y ya no era aquel ser lleno de dudas que solía ser antes, ahora estaba listo, listo para afrontar cosas que antes solo era capaz de afrontar en mis sueños.
El camino junto a esa persona la cual me llevaría a un nuevo mundo fue largo, comenzó sin tener un rumbo, pero sin darme cuenta me estaba llevando hacia mi nueva vida, era como si todo estuviese preparado desde un principio, como su fuese un plan meticulosamente elaborado.
Ese camino terminó frente a un timbre, el cual al hacerlo sonar traería a la vida algo que jamás creí posible. Por una puerta se asomó una pequeña persona, de pelo algo corto y con un rostro muy lindo, mirándome con unos ojos en los cuales pude ver una especial amistad, asegurada desde el primer momento y siendo una de las mejores en esencia.
No sé cómo o en qué momento, pero sin darme cuenta yo ya reía junto a esta persona, sin darme cuenta ambos fumábamos y tomábamos mientras que nuestra música sonaba en el aire, nos abrazábamos de vez en cuando, nos contábamos nuestras cosas sin ocultarnos nada, y disfrutábamos intercambiando nuestro arte, siendo realmente nosotros mismos, compartiendo momentos breves y perfectos.
Es como si el destino lo quisiera, mi sueño de hace mucho tiempo se volvió una realidad, aquella persona ideal y soñada ahora en cierta forma existe, y yo de nuevo comencé a sentirme comprendido, a sentir que realmente puedo ser yo frente a alguien más y a sentir como mi amarga esencia se vuelve dulce e intensa.  
Quizás sea porque ella sea única (o porque ambos lo somos) pero no hay nada más perfecto para mí que la compañía de una persona adecuada, ideal y complementaria, a su modo perfecta.
Quizás ella sea un sueño hecho realidad, o quizás… Quizás ella solo sea un producto de mi imaginación gracias a mi enorme soledad, o quizás… Quizás jamás desperté de aquel mundo ideal de los sueños.