Fue hace unos años… Yo me encontraba acostado en mi cama
a mitad de la noche, mi mente estaba estremecida como el mar en medio de una
tormenta, en aquellos tiempos yo solía ver el mundo de otro modo, mi
experiencia era poca y la soledad daba sus primeros pasos en mi vida.
En esa noche tan estrepitosa cerré mis ojos con fuerza y
me sumergí lentamente en el plácido mundo de los sueños. La lluvia del mundo
exterior fue silenciada, el frio se volvió una leve calidez y de golpe, abrí
los ojos ya en ese mundo de los deseos inconscientes.
En ese sueño me encontraba en un pequeño apartamento casi
en penumbras, un lugar algo frío y de completo silencio, pero a la vez familiar
y acogedor. Observando ese lúgubre lugar
comencé a caminar lentamente hacia la ventana, fijé mis ojos en cada rincón sin
hallar nada extraño, de lo único que me percaté fue de la gran cantidad de
libros que allí habían y de la ausencia de algún televisor, era como si ese lugar me quisiera mostrar con
imágenes su inmenso silencio y tranquilidad.
Abrí las cortinas de la ventana extendiendo por completo
mis brazos y pude observar ante mí una enorme y hermosa ciudad, decorada con cientos
de edificios los cuales con sus luces encendidas formaban una imagen como si de
un cielo totalmente estrellado se tratara. Y la luna resplandeciente en el
cielo, como un ojo se posaba por encima de todos ellos, observando al tranquilo
mundo dormir en mis sueños.
Me quede observando tal panorama en silencio por unos
segundos, hasta que detrás de mi escuché las cuerdas de una guitarra sonar. El
sonido de una melodía lenta venia desde la única habitación con la luz
encendida en aquel apartamento, y sin tener una gota de temor ante lo
desconocido entré, con la tranquilidad como si de mi casa se tratase y si como
allí hubiese vivido toda una vida, así de familiar se hacía sentir aquel lugar.
Con una gran sonrisa una pequeña mujer me observo entrar,
ella tenía un cigarro en su boca y tocaba su guitarra. Sus ojos me reflejaban
con confianza, como si ambos nos conociéramos desde siempre, como si ambos fuéramos
una parte del otro. No se necesitaron palabras en ese silencio, y fue justo ahí
cuando desperté. Esa fue la primera vez que nos vimos.
A partir de esa noche ya nada volvería a ser igual, cada día
ansiaba el momento de cerrar mis ojos y volver a ese mundo para visitarla, esa
era la mejor parte de mi día y aquel lugar se volvió tan especial que prefería
pasar mi tiempo allí que en el mundo real.
Ella… ella era simplemente hermosa, tenía una piel blanca y suave, perfecta para acariciar, no era muy alta y su pelo no era muy largo, sus ojos eran claros, con una mirada que se sentía igual a un flechazo y su sonrisa era espectáculo único.
Ella… ella era simplemente hermosa, tenía una piel blanca y suave, perfecta para acariciar, no era muy alta y su pelo no era muy largo, sus ojos eran claros, con una mirada que se sentía igual a un flechazo y su sonrisa era espectáculo único.
Jamás escuche la voz de aquella mujer, nunca fue
necesario, pero siempre imaginé que debería ser una voz majestuosa, más
majestuosa quizás que el escuchar a un coro de sirenas cantar. Sin la necesidad
de mediar palabras pasamos mucho tiempo juntos, nos reímos muchas a más no
poder, nos contuvimos con abrazados, escuchamos mi música juntos o yo la escuchaba
tocar a ella, tomamos, fumamos, nos
perdimos entre besos, nos retratamos con pinceles o leímos en silencio los
poemas del otro. Nos entendíamos perfectamente sin decir una palabra, en esos
momentos me sentía realmente completo, estando en el único lugar en el que
quería estar, con la única persona que quería, haciendo las cosas que más me
gustan.
Mi vida irreal era perfecta, mejor que mi vida real, mi
mentira se había vuelto una verdad, al menos para mí. Quizás ella no era real
pero la idea de lo que representaba ella para mi si lo era, era una parte de mí
con vida propia, mi deseo más grande, en esos momentos la vida real había
pasado a un segundo plano para mí.
Pasé meses visitando aquel lugar que albergaba a aquella
mujer, el cual era siempre tan especial como la primera vez en la que llegue a él,
pero a medida de que el tiempo pasaba y yo disfrutaba de mi mundo ideal algo
pasaba en el mundo real…
De a poco un futuro amor comenzó a adentrarse en mi vida.
Ella también era hermosa y sin darme cuenta comenzó a robarse cada vez más mi
atención. Ella era algo diferente, ella era real, ella me fue dando las caricias
que la mujer de mis sueños no era capaz de hacerme sentir realmente en la piel,
y aunque esta mujer real no era ni de cerca tan ideal como la de mis sueños, ya
que no compartía esos tantos gustos y
nunca fue capaz entenderme completamente, fue la culpable de que poco a poco yo
fuera olvidando a aquella mujer y a aquel lugar en el que pase tanto tiempo,
dejando de soñar con todo eso que en algún momento lo fue todo.
Aquel lugar ideal se desvaneció con el pasar del tiempo,
nuevos lugares nacieron, ahora con ese amor real en ellos, y a medida de que pasaban
los años con mi nuevo amor, la mujer con la que compartí esos breves momentos
perfectos en mis sueños fue quedando cada vez más atrás en mi memoria.
El tiempo siguió su curso, ese nuevo amor pasó como un
huracán el cual solo deja destrozos y tristeza. Soledad y nuevos amores fueron
llegando a medida de que pasaban y pasaban los años, y fue en medio de una de
estas épocas, de soledad, cercanas al hoy, donde en un día bastante especial de
otoño, recorrí un largo camino junto a una persona la cual sería la puerta a
una nueva realidad. Ahora todo era diferente, mi experiencia era grande y ya no
era aquel ser lleno de dudas que solía ser antes, ahora estaba listo, listo
para afrontar cosas que antes solo era capaz de afrontar en mis sueños.
El camino junto a esa persona la cual me llevaría a un
nuevo mundo fue largo, comenzó sin tener un rumbo, pero sin darme cuenta me
estaba llevando hacia mi nueva vida, era como si todo estuviese preparado desde
un principio, como su fuese un plan meticulosamente elaborado.
Ese camino terminó frente a un timbre, el cual al hacerlo
sonar traería a la vida algo que jamás creí posible. Por una puerta se asomó
una pequeña persona, de pelo algo corto y con un rostro muy lindo, mirándome
con unos ojos en los cuales pude ver una especial amistad, asegurada desde el
primer momento y siendo una de las mejores en esencia.
No sé cómo o en qué momento, pero sin darme cuenta yo ya reía
junto a esta persona, sin darme cuenta ambos fumábamos y tomábamos mientras que
nuestra música sonaba en el aire, nos abrazábamos de vez en cuando, nos
contábamos nuestras cosas sin ocultarnos nada, y disfrutábamos intercambiando
nuestro arte, siendo realmente nosotros mismos, compartiendo momentos breves y
perfectos.
Es como si el destino lo quisiera, mi sueño de hace mucho
tiempo se volvió una realidad, aquella persona ideal y soñada ahora en cierta
forma existe, y yo de nuevo comencé a sentirme comprendido, a sentir que
realmente puedo ser yo frente a alguien más y a sentir como mi amarga esencia
se vuelve dulce e intensa.
Quizás sea porque ella sea única (o porque ambos lo
somos) pero no hay nada más perfecto para mí que la compañía de una persona
adecuada, ideal y complementaria, a su modo perfecta.
Quizás ella sea un sueño hecho realidad, o quizás… Quizás
ella solo sea un producto de mi imaginación gracias a mi enorme soledad, o
quizás… Quizás jamás desperté de aquel mundo ideal de los sueños.