Era pleno año 1929 y a las
afueras de un pueblo llamado Whitworth, ubicado al norte de Inglaterra, un montón
de niños de entre 7 y 14 años le arrojaban bolas de nieve al pequeño Christopher Brown.
Como era de costumbre el niño no emitía una palabra al respecto, no movía un solo dedo y siquiera era capaz de gastar una mirada en ellos, a el no le importaba nada de eso. Todos los niños, inclusive Christopher, pertenecían al mismo orfanato, el cual era una mansión muy antigua, similar a un pequeño castillo.
Como era de costumbre el niño no emitía una palabra al respecto, no movía un solo dedo y siquiera era capaz de gastar una mirada en ellos, a el no le importaba nada de eso. Todos los niños, inclusive Christopher, pertenecían al mismo orfanato, el cual era una mansión muy antigua, similar a un pequeño castillo.
Los niños del orfanato solían pasar los días sin
nada que hacer, en un completo aburrimiento ya que toda la mansión se
encontraba rodeada por una enorme cerca, la cual tenían prohibido cruzar ya que
del otro lado se encontraba un oscuro y peligroso bosque llamado “Forest Moont”.
Lo único que le quedaba a los niños para entretenerse era el pueblo, pero este
se encontraba lejos y no se les permitía ir nada más que una vez al mes,
acompañados por la única persona a cargo, la dueña de la mansión y quien se encargaba de
alimentar, vestir y cuidar de cada uno de los niños, la Sra. Martha Billinghurst.
Los niños hallaban su única diversión en
molestar al pobre Christopher, ellos solían provocarlo, insultarlo, golpearlo y
hasta le robaban la comida, la cual en ese año era escaza ya que la crisis cubría
al país como una enorme nube negra.
Christopher, de tan solo 8 años, jamás se resistió
a todo el maltrato que recibía día tras día, jamás salió una queja de su boca, jamás
derramo una lagrima de sus ojos, jamás mostro ningún signo de ser afectado por
todo el daño que le intentaban hacer, y esto le causaba una creciente rabia a
los demás niños que sentían como una derrota personal cada intento por
lastimarlo.
Un día, el 24 de diciembre del mismo año, los niños del orfanato no lo molestaron por primera vez, es más, el los vio durante pocos minutos en el día, sin sospechar que todos se hallaban escondidos, planeando minuciosamente la manera más cruel para lograr que aquel niño, careciente de sentimientos, mostrara un mar de lágrimas de tristeza salir de sus ojos. Y para poder planear su perverso acto utilizaron lo único que conocían de él, su lúgubre y trágico pasado.
En el año 1920 Elisa Brown, madre de Christopher, formaba parte de una familia de clase media baja, la cual vivía en la gran ciudad de Londres. En ese entonces ella tenía tan solo 16 años y era una estudiante bastante regular, pero sin problema alguno, sus padres tenían grandes expectativas tanto en ella como en su hermana mayor, ya que ambas serian quienes saquen adelante a la familia en el futuro, ambas eran su esperanza.
Un día, el 24 de diciembre del mismo año, los niños del orfanato no lo molestaron por primera vez, es más, el los vio durante pocos minutos en el día, sin sospechar que todos se hallaban escondidos, planeando minuciosamente la manera más cruel para lograr que aquel niño, careciente de sentimientos, mostrara un mar de lágrimas de tristeza salir de sus ojos. Y para poder planear su perverso acto utilizaron lo único que conocían de él, su lúgubre y trágico pasado.
En el año 1920 Elisa Brown, madre de Christopher, formaba parte de una familia de clase media baja, la cual vivía en la gran ciudad de Londres. En ese entonces ella tenía tan solo 16 años y era una estudiante bastante regular, pero sin problema alguno, sus padres tenían grandes expectativas tanto en ella como en su hermana mayor, ya que ambas serian quienes saquen adelante a la familia en el futuro, ambas eran su esperanza.
Pero fue en un tarde de verano, durante el
mismo año, que los militares volvieron a la cuidad después de haber luchado
incansablemente en la primera guerra mundial. La cuidad entera hablaba sobre su
llegada, para los ciudadanos ellos eran héroes, y su agradecimiento con esos
luchadores se hizo notar ya que durante todo el día hubieron celebraciones por
toda la cuidad. Fue ahí que Elisa conoció a uno de estos militares, y fue en la
misma noche de ese día que ambos se entregaron a un efímero deseo, el cual dejo
un bebé gestándose en el vientre de Elisa.
Unas semanas después Elisa se dio cuenta de lo
que había pasado, y desesperada corrió las calles de una lluviosa Londres,
buscando sin resultado alguno a aquel romance pasajero, el cual a esa altura se
encontraba muy lejos. Ella no tuvo más opciones que confesarlo a sus padres,
los cuales lo tomaron como una deshonra, como una puñalada a lo que les quedaba
de honor, y entre palabras de maldiciones le cerraron las puertas de su propia
casa para siempre, a ella y a su próximo hijo, los cuales vagaron por las
calles un largo tiempo.
Nueve meses después nació Christopher y al
verlo ella por primera vez su triste realidad cambio, sin dudas durante esos
meses ella fue la mujer que más sufrió en toda la cuidad de Londres, y quizás en
todo el país, soportó el hambre, el frío, el tener que vivir de la prostitución
y el tener que comer basura para respirar un día mas, soporto todo eso y mas pero
ahora todo valía la pena, el ver esos pequeños ojos azules hacia que lo valiese.
Ella pudo arreglárselas para poder conseguir un pequeño lugar donde vivir, el cual utilizaba para atender a sus clientes, y así vivió durante 5 largos años…
Una noche el pequeño se despertó asustado ya que fuertes golpes y gritos se escuchaban, sigilosamente se levanto de su cama y camino hasta la puerta, abriéndola lentamente. Ese fue el momento en el que él perdió su habla para siempre y el momento en el que sus ojos perdieron su mirada.
Ella pudo arreglárselas para poder conseguir un pequeño lugar donde vivir, el cual utilizaba para atender a sus clientes, y así vivió durante 5 largos años…
Una noche el pequeño se despertó asustado ya que fuertes golpes y gritos se escuchaban, sigilosamente se levanto de su cama y camino hasta la puerta, abriéndola lentamente. Ese fue el momento en el que él perdió su habla para siempre y el momento en el que sus ojos perdieron su mirada.
Uno de los clientes de su madre la golpeaba sin
cesar en el suelo, aun en medio de la noche el podía ver la sangre correr por las
paredes y el suelo, y el hombre no con aliento a vino no se detuvo hasta que
notó la presencia del niño. En ese momento él se levanto y comenzó a acercarse
lentamente hacia el pequeño, el cual se encontraba paralizado del miedo.
Christopher sobrevivió a esa terrible noche
solo gracias al azar, o quizás a su madre, ya que ciertos clientes de su ella
llegaron justo a tiempo, policías los cuales entraron a la espantosa escena,
buscando detener al asesino, el cual murió intentando resistirse.
Lo último que el niño vio de su madre fue un montón
de carne inmóvil y desfigurada. Luego de lo acontecido él quedo al cuidado de
su tía, su único familiar que se disponía a hacer algo por él, ya que ella quería
y a veces ayudaba a su madre con lo que podía.
Un año vivió con su tía, pero gracias a enormes problemas económicos comenzaban a surgir por toda la cuidad ella no tuvo más remedio que enviarlo al único lugar donde él estaría a salvo, el orfanato en Whitworth, ciudad donde ella trabajo durante uno tres años ya que no obtuvo ese futuro brillante que tanto anhelaban sus padres.
Un año vivió con su tía, pero gracias a enormes problemas económicos comenzaban a surgir por toda la cuidad ella no tuvo más remedio que enviarlo al único lugar donde él estaría a salvo, el orfanato en Whitworth, ciudad donde ella trabajo durante uno tres años ya que no obtuvo ese futuro brillante que tanto anhelaban sus padres.
Todos los niños dentro del orfanato conocían esta
historia, pero era algo que nadie se atrevía a comentar libremente, ninguno de
los niños podía entenderlo ya que ellos desde su nacimiento fueron abandonados,
jamás conocieron a sus padres, jamás sintieron el amargo sabor de perder algo
realmente importante.
Las astutas alimañas crearon su plan en base a
esta historia, plan que comenzó en la mañana del 25 de diciembre de 1929. Antes
de que la Sra. Billinghurst despertara ellos robaron un viejo mapa de su
discreta biblioteca, este era un mapa del bosque y allí marcaron un camino al
azar.
Despertaron a Christopher alrededor de las 6:30
de la mañana, media hora antes de que la Sra. Billinghurst se levantase. Lo
llevaron al patio con la excusa de que había llegado un regalo para el por la
navidad, el no comprendía lo que sucedía ya que en sus años allí jamás había tenido
un regalo en esta fecha.
Todos los niños lo esperaban afuera, todos con
una sonrisa maliciosa, y él no hacía más
que observaros. El más grande de el orfanato le entrego el mapa y le contó una
antigua leyenda, claro que inventada, le contó que en el bosque vive un ángel,
el cual es capaz de conceder cualquier deseo que se le pida, como comida
ilimitada, riquezas, ropa y hasta una familia… esto ilumino los ojos de Christopher,
el cual ya había caído en la trampa tan solo por escuchar esas palabras.
El les pregunto por qué tenían el mapa, nadie
se percato de que no les hablaba en mucho tiempo, esto mostraba lo seducido que
se encontraba. El mismo volvió a hablarle, le dijo que el ángel elije a un niño
que realmente lo merezca y esta vez lo había elegido a él, porque sentía que lo
necesitaba, que el necesitaba recibir ese deseo.
Christopher tomo el mapa, y se paro frente a la gran cerca, aun dudando en cruzarla, pero el falso aliento de todos los niños lo lleno de valor y de un salto el pequeño niño se adentró en lo profundo del bosque. Puede que él sea frio, pero apenas tenía 8 años, aun era muy ingenuo y el extrañar el calor de su madre era algo contra lo que no podía luchar…
Christopher tomo el mapa, y se paro frente a la gran cerca, aun dudando en cruzarla, pero el falso aliento de todos los niños lo lleno de valor y de un salto el pequeño niño se adentró en lo profundo del bosque. Puede que él sea frio, pero apenas tenía 8 años, aun era muy ingenuo y el extrañar el calor de su madre era algo contra lo que no podía luchar…
El bosque era tan denso y con arboles tan
grandes que la luz del sol apenas llegaba a la nieve del suelo, el pequeño niño
caminaba dudoso, intentando leer el mapa mientras que abundante vapor salía de
su boca. Mientras que pasaban las horas el caminaba esperanzado, y en el
orfanato solo se escuchaban risas, aun la Sra. Billinghurst no se había percatado
de su ausencia.
Alrededor de las 4 de la tarde la señora los
llamo a todos para darle su único plato de comida durante el día, ya que solo
para eso les alcanzaba en los últimos meses. Todos los niños se encontraban en
sus meses, pero faltaba uno, faltaba el pequeño Christopher, al cual la señora
llamo más de tres veces, y al no llegar comenzó a buscarlo, primero enojada,
entrando poco a poco en un leve pánico.
Miro pro la ventana para poder ver si él se
encontraba fuera, pero estaba desierto, allí solo caía nieve la cual aumentaba
de a poco su intensidad. La señora corrió al comedor a preguntarles a los niños
sobre Christopher y todos, entre risas, intentaban ocultarlo, algunos haciendo
fuerzas y otros tapándose la boca. La señora, que de por si era de carácter fuerte,
se enfureció, les quito sus platos de comida y los amenazo con enviarlos a la
nieve si no le decían donde se hallaba el niño.
Los más pequeños se asustaron y en cuestión de
minutos confesaron la verdad. La Sra. Billinghurst casi se desmaya al
enterarse, su corazón casi se detiene y luego de unos segundos intentando
reponerse tomó su abrigo y abrió la puerta.
La tormenta de nieve ya era muy fuerte, a su
edad ella no iba a poder soportarla, no llegaría muy lejos en el inmenso bosque
así que solo cayó de rodillas en el suelo y comenzó a llorar. De a poco las
risas de los niños se transformaron en caras tristes y algunos llantos, ellos
se habían dado cuenta de lo que habían hecho…
Y… ¿Qué fue lo que paso con el pequeño Christopher
Brown?
El caminó sin detenerse por un segundo, a pesar
de no ver y a pesar del congelante frio, ya casi no sentía sus manos pero
estaba lejos de rendirse. Camino tanto que llego hasta la mitad de una fina
capa de hielo, donde escucho un crujido, allí una luz en el cielo lo cegó casi
por completo, una luz tan
resplandeciente y brillante que ni la tormenta podía apagar. El entendió que
ese era el ángel, y con su último aliento le pidió su cálido deseo.