Noche sin luna (Editado) - Marcos Sainz

Estamos otra vez aquí, los dos juntos por última vez... Esta quizás sea la noche más oscura de toda mi vida, ni siquiera la luna se atreve a reflejar su luz sobre nosotros, no es capaz de hacerlo.
Debo despedirme de ti, y esto es lo que más me duele, quiero que lo sepas. Sé muy bien que quizás mis palabras ya no lleguen a tus oídos, pero aun así te daré mi adiós, no podría permitirme el soltar tu mano quedándome en silencio, sería algo que jamás me perdonaría.
Me gustaría que… te quedaras a mi lado para siempre.
Antes de que te vayas quiero disculparme, pedirte perdón porque esta vez te fallé y no pude protegerte, a pesar de que día a día me esforcé, y a pesar de que día a día yo fui el único que se sentó en esta silla, aquí, a tu lado junto a la cama. Al menos partirás sabiendo que cumplí la promesa de jamás abandonarte, y realmente no me arrepiento de haberlo hecho, de haberte dedicado tantos minutos, los cuales se volvieron horas, días, meses, años.
Desde que sé que te irás he intentado imaginar cómo será mi vida a partir de eso, pero es en vano, mi mente se niega a hacerlo, no soy capaz de poder imaginar una vida luego de tu partida ya que tal cosa como la vida no sería posible, no para mí, no sin ti. Tampoco puedo ver en mi mente la vida que solía tener en los tiempos aquellos antes de tu llegada, es como si esta no hubiese existido, es como si mi existencia hubiera comenzado aquel día donde nos conocimos y el cual jamás olvidare. Desde la primera vez que llegaste a mis ojos sentí que el destino ya estaba escrito, tan solo con verte durante un segundo sentí que nosotros nos volveríamos la más hermosa eternidad, sentí paz, sentí felicidad, aquella tarde el sol resplandeció más y todo a tu alrededor brilló con cierta sutileza majestuosa.
En realidad esto no fue así, no fue el sol quien resplandeció esa tarde… fuiste tú, tú hiciste que todo se iluminara y se volviera bello, tú llenaste de luz ese breve y eterno momento.
Daría todos los años que me quedan de vida a cambio de que pudieras pasar tan solo un día más junto a mí, tan solo uno, solo eso pido, un miserable día. Anhelo el poder amarnos como solíamos hacerlo.
Pero rogar es en vano ¿no?, realmente ya no puedo ver una luz de esperanza, estoy muy cansado, las estrellas se apagaron esta noche y la luna está escondida. Miro por la ventana y solo veo una parte del mundo vacía, la cual solíamos llenar nosotros juntos, caminando de la mano, jóvenes, alegres, enamorados, mientras crecíamos, cada día más unidos que el anterior...  Hermosos recuerdos que en este momento se sienten como nervios expuestos, y esta se vuelve la despedida que más me duele. Dije tanto en este momento pero lo cierto es que con cada palabra se rompe en pedazos una parte de mí, y el nudo en mi garganta no hace más que expandirse.
Adiós amor, me gustaría recordarte por tu hermosa sonrisa, por tu tenue voz, tu cabello largo que me gustaba tanto acariciar o por tus besos de cada mañana acompañados de esos “buen día” que me garantizaban el mejor de los días, me gustaría recordarte por todas las veces en las que llegue a casa y me esperaste, por todas las cartas que nos dedicamos en nuestra adolescencia, por cada segundo que elegimos regalarnos. Me gustaría que así fuese, tenerte en mi memoria así, pero se me es imposible, jamás podre sacar de mi cabeza la imagen de estas últimas semanas, donde la estrella más brillante de mi cielo yace en una cama, sin fuerzas, casi sin vida, muriendo de a poco sin poder llenar de luz ese mundo vacio que ven mis ojos.
Nos enfrentamos a muchas cosas en tantos años juntos, siempre di lo mejor de mí, superé mis límites y todo porque me diste las fuerzas para ser invencible, pero esta vez no podré salvarte, esta es la batalla que no podemos ganar... Perderemos, sí, pero habremos estado juntos hasta el final, yo cuidándote y tú luchando por regalarme sonrisas, ambos soltando lágrimas pero sin soltar la mano del otro.
El entrar en esta habitación en este último tiempo ha sido algo duro para mi, el vierte allí casi días completos con los ojos cerrados, entre las paredes húmedas y agrietadas, bajo esa luz tenue y parpadeante, todo esto casi hace que se opaque tu luz, pero aún a minutos de morir sigues haciendo brillar este desolado y triste lugar.
Cuando ya no estés no podre volver a entrar aquí, pero, solo lo haré una vez más y para ya no volver a salir. Entraré con nuestra foto en mis brazos, la cual miraré fijamente, recordando aquella promesa que te hice hace mucho tiempo, de que si algún día te ibas yo te iría a buscar.