De su mente ya no brotan ideas, y en esta ya no hay
recuerdos… simplemente ya no queda nada.
El solo observa, callado y sin decir una sola palabra,
mirando fijamente con la mirada perdida, como si en un eterno sueño se hallara.
Nadie sabe su por qué, nadie comprende que es lo que lo ata a esa cama, tan
amplia y de sabanas tan gastadas.
Es cierto que a veces el tiempo pasa realmente rápido,
quizás hayan pasado meses o puede que hasta años desde la última vez que se lo
vio de pie, desde aquella última vez en que se supo que él era capaz de mover
sus extremidades. Se rumorea que el solo se mueve dos veces en el día, una
durante la mañana para abrir negros sus ojos y la otra durante la noche, para
cerrarlos y pasar de un sueño al otro.
Incontables veces a la semana, durante su letargo, ese montón
de carne sobre la cama es molestado por varias personas, principalmente con la intención
de verlo, todos confundidos y sin el poder de comprender tan majestuosa escena,
pero también con la inútil esperanza de aquel cadáver viviente pueda renacer y
volver a caminar en el irónicamente llamado “mundo real”. Pero esto claramente
es en vano, su decisión fue firme, su realidad es otra y esa es la que el elige
habitar, el esta es un mundo diferente, en otras palabras en un mundo ideal… el
cálido y resplandeciente mundo de la memoria.
No se sabe con certeza que es lo que ocurre en este mundo
personal, ya que esos son los secretos que él se llevara a su tumba, pero si
podemos saber algo, y ese algo es que sus últimas palabras fueron mediante una
petición en tono de orden, pidiendo clara y específicamente que cada mañana, ni
bien abriera los ojos, rocíen levemente en el aire un poco del perfume que el
siempre guarda en su mesa de luz junto a la cama. Se dice (entre quienes se
encargan de esta rutinaria tarea) que a veces al hacer esto, y durante solo
unos pocos segundos, se puede percibir como una leve sonrisa se escapa del
rostro de este afortunado sujeto.
Pero volviendo a
este perfume, jamás me atreví a tomarlo de la mesa para olerlo, por respeto quizás,
y es por eso ayer vine temprano con la misión de poder presenciar el momento en
el que el perfume es esparcido en el aire.
Ese momento, por algún motivo cambio algo en mi, segundos
antes de que el perfume se liberase en el aire se podía percibir una calma
tensa, un silencio inundo esa escena, y si el frasco de perfume no hubiese sido
elevado encima de la cama yo hubiese jurado que el tiempo se había detenido por
completo en ese preciso instante. Cuando pude oler el perfume suspire profundamente
y en silencio me retire de aquella habitación.
Simplemente me quede parado durante unos minutos en medio
de un pasillo, quienes me vieron me dijeron que mi mirada estaba igual de
perdida que la de aquel sujeto. Perdí la noción del tiempo parado allí sin
moverme, por momentos y cada vez con mas intensidad, a mi mente llegaban imágenes
tan vividas que parecían reales, veía muchas cosas mezclarse entre sí, veía mi
antigua casa, a mis hermanos, veía a mis antiguos amigos, vi a mi primer amor,
a mis mascotas de la infancia, vi mis lugares favoritos y sobre todo me vi a mi
mismo de joven, jugando y corriendo.
Intente preguntar sobre este perfume, jamás había olido
algo así en toda mi vida, pero no tuve una respuesta clara, el frasco no contenía
nombres, letras, nada, simplemente era de un color verde agua y ya. Y al
intentar preguntar sobre cómo conseguirlo me dijeron que simplemente un pequeño
frasco lleno de perfume aparece afuera frente a la puerta cada vez que el
frasco actual se vacía, y que se dice que a veces por la noche la silueta de
una mujer se hace presente con un el mismo frasco, dejándolo en la puerta y desvaneciéndose
en las sombras.
Todos aseguran que ese perfume no huele a nada, nadie le
ha sentido nunca un olor, claro que nadie excepto yo, y claro que también ese
ser que yace allí en esa cama y que ahora me llena de envidia ya que me gustaría
acostarme y ocupar su lugar, para así hundirme día tras día entre todas las imágenes
que habitan mi memoria.