Levanto mi cabeza y abro de nuevo los ojos, el ardor se desvaneció y nuevamente llevo el brazo a mi garganta, esta está sana. Guardo la calma y miro fijamente el rostro de una mujer que esta frente a mí. Creo que aún no sabe que estoy aquí, creo que aun no se percata de mis ojos que, como un espejo, la reflejan diariamente.
Esta sentada leyendo un libro de tapa roja, una novela romántica creo, y esta rutinaria acción suya me da la reconfortante idea de que podríamos complementarnos, ella, que ama leer, y yo, que amo escribir.
Reconfortante idea, que cae en la ironía, si ella supiera los versos que le dedico, los personajes que yo creo a su semejanza, y las historias que en base a ella imagino… Que irónico, tantas letras que suelo escribir y ninguna palabra se me escapa ahora.
Estoy seguro que si mi garganta se cortase sangre no saldría, de ella saldrían gotas de tinta, que caerían al piso formando cientos de letras.
Y aunque de mi boca ahora no salgan palabras, estas siempre estarán ahí, esperando con fuerza, poder escapar de mi garganta.